El día de hoy leí este artículo:
http://www.sciam.com/article.cfm?id=how-anecdotal-evidence-can-undermine-scientific-results
Trata de como podemos creer más fuertemente en rumores que en evidencia científica. Pero la parte más interesante, para mí, es lo que dice en el tercer párrafo. Habla de como nuestros cerebros quieren conectar las cosas, de causa a consecuecia, y no les importa no ser muy precisos en ello. Tenemos un mundo de ocurrencias y queremos relacionarlas de la mejor manera posible, y a veces de la manera más fácil posible. Por ejemplo, un gato negro se te cruza y te causará mala suerte, o un tigre enorme se te acerca y te va a comer. Una puede tener sentido y la otra no tanto, pero a veces te conviene creer tonterías sí también crees en cosas que te pueden salvar la vida. En un mundo primitivo, las supersticiones no perjudican, y a veces las cosas vienen en paquetes y para que creas cosas que te pueden salvar la vida tienes que creer en un par de tonterías.
A veces la evolución (biológica y sociológica) viene en paquetes y hay que aceptar cosas que no sirven para nada (como glándulas mamarias en hombres) para tener también las cosas que sí nos sirven (glándulas mamarias en mujeres ;)). El chiste está en utilizar nuestro intelecto para diferenciar lo funcional de lo recreativo, aunque instintivamente tengamos una tendencia a no hacerlo.
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