jueves, 4 de febrero de 2010

Las cartas perdidas de Hugo de San Víctor

Enneleyn,

Los sirvientes me han despertado demasiado temprano el día de hoy. Sin embargo mandé por el escriba, decidí aprovechar la situación y hacerte una carta. Son buenos los días que te escribo, en especial el día de ayer, el cuál trajo muy buena fortuna.

Mi padre me despertó muy temprano y mientras salía el sol sacamos los corceles y los sabuesos y salimos con nuestras cosas al bosque de juego. Cuando llegamos mis tíos y primos ya estaban ahí levantando el campamento, todos estaban muy alegres de vernos. Ayudamos a levantarlo y cuando terminamos empezamos a desayunar. Mi padre estaba a la cabeza y yo me senté junto a él, uno de mis tíos había llegado desde ayer y el cuidador de nuestro bosque le había dicho donde se encontraban ahora los venados. Mi padre y mis tíos empezaron a planear la cacería; íbamos a buscar a algún ciervo y tratar de delimitar la zona en la que se encontrara, una vez que lo tuviéramos mis tíos rodearían la zona con sus sabuesos y mi padre y yo la perseguiríamos. Terminamos de comer, levantamos el campamento y salimos todos. Mi tío Reinhard fue el primero en encontrar el rastro de la bestia, sus sabuesos son muy buenos para ello. Empezamos a seguir el rastro y mi padre me dio la tarea de revisar que tan cerca estábamos. Hice muy bien mi labor, el excremento lo decía todo, nos acercamos poco a poco y cuando estábamos a la distancia correcta se lo dije a mi padre. Avanzamos silenciosamente, todos los demás se fueron esparciendo formando un círculo amplio, y nosotros muy lentamente nos fuimos acercando a la presa, mi sabueso nos guíaba con sigilo. Yo lo ví primero, el ciervo estaba ahí, su cornamenta no era nada desdeñable, sentí la sangre fluír por mis venas, la emoción de la caza. Mi padre también lo vió, pero el viento cambió en ese momento y nuestro aroma lo alcanzó. El ciervo volteó y nos vió. Era momento! mi padre me dijo, ésta era mi cacería, yo sabía lo que tenía que hacer. Tomé mi cuerno y lo soplé. El ciervo empezó a correr hacia el este, dí la señal. Mi tío Hugo estaba al Este, él escuchó mi señal y dió su trompetazo, lo escuche correr con sus lobos. El ciervo también lo escuchó, dió la vuelta, al oeste, lo perseguimos, lo dejamos correr un poco, dejar que se canse. Nos acercamos, soplo el cuerno para avisar a mi tío Reinhard quien esperaba al oeste. Y me contesta, empeza a correr con sus sabuesos. Veo al ciervo, está aterrado, me puede ver y sabe que lo tenemos flanqueado, huye al norte, hacia donde lo queremos. Nos estamos acercando todos, ahora rápidamente, los perros ladran y soplamos los cuernos, el ciervo corre frenéticamente, nos acercamos a él, está a punto de llegar al río. Lo escucho gritar, ha llegado al río, no sabe para donde huír. Lllegamos nosotros, lo rodeamos, la orden se da a los perros, deben ladrar pero quedarse en su lugar. Es ahora el gran momento. Todos se quedan en círculo, rodeando al animal, pero ésta es mi cacería, hoy ese el día en que me vuelvo hombre completamente. Mi padre se queda en el círculo y yo y mi corcel avanzamos. Es peligroso, el ciervo ahora intentará luchar pero mi habilidad debe superarlo. Pero no lo hago desde mi caballo. Tomo mi escudo y me bajo. Así puedo moverme mejor. Se lanza contra mí, pero lo espero, me muevo y falla, contraataco, lo lastimo de una pierna. Ahora lo ataco yo, me lanzo, pero el se lanza al mismo tiempo, con terror pongo mi escudo pero la fuerza es mucha y me avienta hacia atrás, me va a a atar pero tomo unos pazos hacia atrás, los perros empiezan a ladrar y lo espantan. Es el momento que necesito, corro y acesto contra él, su pierna lastimada no lo deja moverse bien, mi espada es certera y da en el punto exacto. El animal saca su último grito antes de caer al suelo. Todos me congratulan 'Huzzah'. Hicimos los cortes necesarios y les dimos su recompensa a los perros.

Fue un excelente día.

Hermann,


Enneleyn,

Te hago esta carta al regresar de acompañar a mi padre a ver las tierras. Algo que hacemos constantemente, ver que todos esten haciendo su labor y revisar como van las cosechas. Padre dice que debemos estar al tanto de lo que pueden tramar los bohemios. No entiendo por que nos buscan mal, si todos somos hijos de dios. Dice padre que ellos tienen tierras que nos pertenecen, no entiendo por qué las han tomado si no son suyas.

El día de ayer estuve entrenando con padre. El entrenamiento es duro, ahora que soy un hombre debo practicar con las armas constantemente. Dice padre que la amenaza turca se encuentra todavía ahí, que querrán recuperar la tierra santa y que cuando lo intenten ahí estará Blakenburg para defenderla, así la Iglesia verá nuestro valor. Somos afortunados, Dios nos ha dado un lugar privilegiado en esta que es su tierra. Es nuestro deber protegerla, es nuestro destino divino, para eso nos ha puesto aquí.

Cada día con más frecuencia mis tíos me dan pláticas a cerca de Dios, que está ahí para cuidarnos y que ha muerto por nuestros pecados, él nos creó y debemos honrarlo como se merece. Mi tío Reinhard está viniendo a visistarnos con más frecuencia, a veces me aparta del entrenamiento de mi padre y me enseña sobre las santas escrituras. Estoy aprendiendo a leer, algún día yo mismo te escribiré estas cartas. Recitamos muchos cantos y ya me sé algunos, dice mi tío que debería cantar en el próximo servicio, que lo importante es conocer a Dios y ayudar a nuestra gente a que lo entienda mejor. Dice que dios mira más favorablemente a aquellos que hacen su labor y tratan de acercarse lo más posible a él.

Pero mi padre dice que eso es para los plebeyos, dice que mis tíos fueron elegidos para hacer sermones y ejercer la palabra de dios pues fueron los hermanos menores. Dice mi padre que Dios decide quien nace primero por ser el más fuerte y valiente ya que nosotros tenemos una labor más importante, debemos saber reinar sobre nuestras tierras y hacer caer la espada divina contra aquellos cuyo descenso al infierno debe ser apresurado. Sin embargo mi tío convence a mi madre de que si quiero ejercer mejor la voluntad de Dios lo mejor es conocerla lo más posible.

Hace tiempo ya que no hemos salido a cazar. Siento que algo está cambiando, me doy cuenta de la tensión en la familia. Pero yo tengo que seguir lo que me dice mi padre pues algún día seré conde como él y tal vez, mi padre dice, tal vez podré ser algo más. Nuestro destino no está marcado todavía. Dios llamará mi nombre para algo importante.


Hermann de Blakenburgh,



Enneleyn,

Esta suciedad de gente ¿Cómo pueden vivir así? sánganos. Nosotros los protegemos y como nos pagan.

Estamos en tiempos muy duros, tiempos que hacen mostrar a un hombre su valor. Los reinos se deben construír sobre la sangre derramada virtuosamente, la sangre de aquellos que van contra la ley divina, contra los deseos del santo padre y creador. La sangre debe ser derramada con justicia como lo fue en la cruzada. El nombre de Blakenburg debió haber quedado en la posteridad. La guerra santa era nuestra oportunidad para asegurar nuestro lugar en el reino del cielo. Nuestra oportunidad arrebatada por los asquerosos bohemios. Puercos! Animales!! Es por su culpa, no entendían la superioridad sajona, no hacían lo que les exigimos. Se seprararon, y no logramos llegar a la gran batalla, a la muerte de esos malditos infieles. La tierra santa era nuestra para capturar y los malditos bohemios nos arrebataron esa oportunidad.

Mi padre tiene razón, se nos arrebató una vez nuestra entrada al reino de dios, no se nos arrebatará de nuevo. Nuestra familia debe mantener todo su poderío si es que el condado ha de sobrevivir. El Papa llamó a guerra santa, nos exigió dar la vida por Jesús nuestro señor y el destino nos hizo fallarle. Ahora no hemos de darle la espalda!! Obispos corruptos y asquerosos son los que están aquí, impuestos ilegítimamente por el Rey. Dios decide quien es noble y quien es no a través del nacimiento, y a través del Papa decide quien es arsobispo. El Rey ha ensuciado su alma, su espíritu. Busca el poder, es lo único que busca, no entiende que el poder se nos ha dado a nosotros también por derecho divino. Esta controversia de investiduras está de nuestro lado.


Anoche llegamos a esta villa. Acababa de iniciar la lluvia, los truenos rompían el cielo. Estos labriegos se había levantado en contra de nosotros y teníamos que enseñarles que esta no es la manera de agradecerle a quienes damos su vida por ellos. Se dejaron engañar por las venenosas palabras del rey, sediento de poder. Les tuvimos que enseñar una lección. La lluvia era ruidosa, no nos debieron escuchar llegar con nuestros caballos. Sin embargo, nos esperaban. Sánganos! Bestias! Se lanzaron hacia nosotros como animales, con palos en las manos. Pero son sólo campesinos, no saben pelear, no están entrenados ni organizados. Dios guía mi espada, pero anoche pareció ser que dios guíaba a esos cuerpos hacia ella mientras yo sólo la sostenía en su lugar. Se escondían en todas partes, en donde pudieran estaban esperando para saltar sobre nosotros. Un debiluchó salto de detrás de una carreta acestando hacia mí con un vil tridente. Chocó contra mi escudo apenas haciendo ruido, poco tiempo tuvo de siquiera mostrarse sorprendido cuando lo alcanzó mi espada. Otro lanzaba piedras desde una choza, una antorcha y aceite fue todo lo que se necesitó para que rápidamente ardiera en llamas. Un grupo llegó hacia mí, jóvenes y fuertes, pero torpes. Me rodearon, algunos tenían miedo, no sabían lo que estaban haciendo, probablemente ninguno había matado a un hombre antes. El primero se avalazó, un rugido fue todo lo que necesité para sacarlo de balance, mi espada atravezó su rostro, cayó gritando al suelo. Los otros tres se avalanzaron contra mí, un pazo para esquivar la pala, mi espada encuentra el brazo que sostiene la oz mientras que el maso choca con mi escudo dándome un fuerte golpe sin embargo. Mi brazo adolorido pero ahora son 2 en el suelo. Debo concentrarme en el maso, lo esquivo una y otra vez, detengo la pala con mi espada. Me quieren rodear, no los dejo, los gritos de sus compañeros en el suelo los distraen demasiado. AAAAAAARGH mi alarido, el aterrado rostro del que llevaba el maso mientras confronta la inevitable noción de que el frío que siente en su estómago es la espada que el santo padre ha guíado con mi mano. Me regodeo de mi victoria, el pobre labriego huyendo dejando la ridícula pala en su camino. Entro a la casa en donde se estaban escondiendo, ahí siguen niños y mujeres. De no ser la persona de corazón puro que soy, me habría aprovechado de lo que me pertenece por derecho en una guerra, estas mujeres traidoras no merecen más, pero mi alma es pura. Les mostré compasión, mi corazón sigue siendo puro. Sin embargo el labriego que se escapó, él me atacó primero, él no merece compasión... ahora inicia la mejor parte, la caza.

Hermann de Blakenburgh,

Mi muy estimado tío Hugo,

Terribles tiempos son estos en los que te escribo. Mi padre me ha pedido que te contactara. Dios ha dejado de ver sobre mí y he cometido errores terribles. Me he puesto en peligro a mí y a toda la familia. 

Como sabrás, nuestros levantamientos en contra del Emperador no se han visto muy favorecidos. Sin embargo hemos seguido haciendo incursiones. Haciendo valer la verdadera palabra de Dios. Eso era lo que tenía en mente hace 3 noches, cuando vimos llegar una carreta proveniente de Inglaterra. Parecía opulenta y estaba bien resguardada, se dirigía a Mainz, hacia las fuerzas del emperador. Pensamos que probablemente traía riquezas que le ayudarían a continuar con su corrupta misión así que nos apresuramos a asaltarla. Todo pasó demasiado rápido, los guardias eran débiles y torpes, no eran nada en contra de nuestra furia sajona. Cuando cayeron todos yo fui el que revisó el botín que traían. Sin embargo no encontré más que una mujer, una chica ahí. Admito que mi furia me gana a veces, y lo he confesado ante ti, tío. Esta vez debo confesarte que fue algo más, el demonio mismo se apoderó de mi cuerpo en ese momento. El demonio me usó de herramienta para desflorar a esa pobre mujer. He perdido el perdón al Señor por eso terrible, pero ha decidido castigarme aún más. Pues después de una revisión a los papeles que traía consigo llegamos a la terrible noción de que esta mujer era Matilda, hija del rel de Inglaterra, y estaba en camino a casarse con el Emperador.

Fue el demonio mismo el que me puso esa trampa y no se como escapar. Ha prometido no mencionar lo que le he hecho y le creo, pues ella no se podría casar si el Emperador se enterara. Pero padre dice que yo necesito desaparecer. Que necesito borrarme de aquí para protegerme y proteger a la familia. Me encuentro en camino hacia donde te encuentras en Italia, esta carta deberá llegarte un día o dos antes de que te alcance. Realmente necesitamos tu ayuda.

Hermann de Blackenburg



Padre, 

Espero que esta carta te encuentre con bien. Me han llegado noticias de paz en Alemania, pero no de una paz que parezca durar mucho. Entiendo la delicadeza de la situación y es por la misma por la que no había escrito antes. Tu consejo fue acertado, ir en busca de mi tío Hugo fue una buena opción. El dinero que yo llevaba le fue de mucha ayuda para conseguir las reliquias de San Víctor que estaba buscando él en Italia. su adquisición nos dio la bienvenida a varios lugares, nos daban alojo. Por una confusión me empezaron a llamar con el nombre de mi tío, sin embargo decidimos que así debe de quedarse, y es por el nombre que se me conoce ahora. Hemos encontrado una abadía en Francia y me han aceptado como un canónigo en una posición privilegiada si mantenemos las reliquias aquí. Ahora la abadía se llama Abadía de San Víctor. El tío Renhard  ha sido de ayuda también, le ha dicho a todos que he estudiado en la casa Agustiniana de San Pacras que él estableció, dice que con lo que él me ha enseñado estoy listo de cualquier modo y lo que me falte lo puedo aprender aquí. He de decir que la vida canóniga me gusa, me ha traído paz. Espero que esa paz llegue a tí y a Blakenburg padre. Me despido

Hugo de San Víctor

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